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Equilibrio para nuestra flora vaginal

Equilibrio natural

Las mucosas vaginales y vulvar son tejidos extremadamente sensibles. El déficit o el exceso de higiene o el uso de productos inapropiados pueden provocar un desequilibrio de la flora protectora de la zona íntima y causar irritaciones o infecciones.

Normalmente la vagina contiene muchos tipos distintos de bacterias; algunas se consideran “buenas” o “beneficiosas”, ya que sirven para mantener la vagina en buenas condiciones de salud, y otras se consideran “malas”, dado que pueden resultar dañinas. En la flora vaginal normal ambos tipos mantienen un delicado equilibrio.

Algunas actividades diarias inofensivas pueden influir en la resistencia natural de tu vagina. Por eso, la vagina necesita productos que no contengan jabones y que respeten las protecciones naturales de la zona íntima.

 Factores desequilibrantes y problemas

Son muchos los factores que pueden perturbar el equilibrio natural de la flora protectora de la zona vaginal. Si esas perturbaciones alcanzan proporciones excesivas, la flora ya no está en condiciones de adaptarse, lo que puede dar lugar a infecciones vaginales. Los factores que pueden afectar al equilibrio natural son, entre otros:

-Menstruación   -Embarazo   -Menopausia (+50)  -Ejercicio  -Actividad sexual  -Antibióticos

-Jabones de ducha normales  -Estrés y fatiga, sistema inmunitario debilitado  -Ropa interior sintética o muy ajustada  -Suavizantes agresivos

La perturbación del entorno ácido en la zona íntima facilita la reproducción de bacterias dañinas. Esto puede provocar un desequilibrio en la flora vaginal que puede ocasionar molestias vaginales. Si notas picores, flujo excesivo o dolor al orinar, es posible que tengas una infección vaginal.

Infecciones vaginales

Una infección vaginal es una inflamación de la vagina caracterizada por hinchazón, enrojecimiento, calor, dolor y un flujo vaginal anormal. La causa puede ser un crecimiento excesivo de bacterias u hongos.
Existen muchos tipos de infecciones vaginales, cada uno de los cuales provoca síntomas diferentes.
Las infecciones más comunes incluyen:

Vaginosis bacteriana (VB)

La vaginosis bacteriana (VB) es una afección que aparece cuando existe un desequilibrio entre los diferentes tipos de bacterias presentes en la flora vaginal y cuando se produce un crecimiento excesivo de bacterias dañinas en combinación con un aumento del pH. La VB es la causa más frecuente de flujo vaginal y afecta a hasta una de cada tres mujeres y hasta el 20 % de las mujeres embarazadas.1

Los síntomas de la VB incluyen un flujo grisáceo acuoso que en ocasiones presenta un olor desagradable (a pescado). Este flujo a menudo se intensifica después del periodo o de mantener relaciones sexuales. La VB generalmente no provoca irritación o picor. Ten en cuenta que no siempre va acompañada de síntomas y que muchas mujeres la pueden padecer sin saberlo.

Infección por levaduras (candidiasis)

Las levaduras son unos hongos presentes de forma natural en la vagina. Normalmente, se encuentran en cantidades pequeñas. La candidiasis es una infección causada por el crecimiento excesivo de células de levaduras en la vagina. Aunque este tipo de infección es común y fácil de tratar, puede ser muy desagradable.

Los síntomas de una infección por levaduras incluyen un flujo espeso, blanco y grumoso que, al contrario que en la VB, es inodoro. La mayoría de las mujeres sienten picor y dolor vaginal y una sensación de ardor al orinar o mantener relaciones sexuales.

Conviene saber que una cierta cantidad de flujo vaginal es perfectamente normal. Las paredes vaginales y el cuello uterino contienen glándulas que producen una pequeña cantidad de líquido que ayuda a mantener la vagina limpia. Este líquido normal suele ser transparente o de un color blanco lechoso y no presenta un olor desagradable. El flujo vaginal normal es más espeso en momentos concretos del ciclo menstrual (especialmente durante la ovulación), durante la lactancia o durante la excitación sexual.

Sin embargo, si observas un cambio en el flujo, un olor desagradable o sangrado o dolor vaginal, consulta a tu médico o ginecólogo.

 

Entender el pH y el ácido láctico

Mantén tu pH en equilibrio

La vagina posee una capa protectora natural que actúa como mecanismo de defensa contra patógeno e infecciones. Esta capa protectora es de naturaleza ácida, lo que significa que el pH vaginal fluctúa entre 3,8 y 4,5.

Esta acidez natural es importante, ya que las bacterias que causan enfermedades no crecen bien y no proliferan con facilidad en un entorno ácido. Esa es la razón por la cual un pH bajo es esencial para crear un buen equilibrio entre bacterias buenas y malas. Los lactobacilos son algunas de las principales bacterias responsables de mantener una flora vaginal saludable. Su producción de ácido láctico contribuye a proteger la acidez del entorno vaginal.

Importancia del ácido láctico

Los lactobacilos descomponen el glucógeno contenido en el moco vaginal. El resultado es la producción de ácido láctico, que crea un entorno ácido. Este entorno ácido fomenta el crecimiento de más lactobacilos, lo que inhibe la presencia de bacterias dañinas y evita infecciones. La vagina tiene sus propios mecanismos para protegerse, ya que sus paredes producen continuamente secreciones lubricantes y autodepuradoras y mantienen la acidez adecuada para evitar infecciones.

El ácido láctico es crucial para proteger la zona íntima. Mantiene un pH bajo en la vagina, y así preserva su capa protectora ácida. Por eso, todos los productos Lactacyd contienen ácido láctico y otros ingredientes naturales. Las condiciones en la vagina humana varían según las diferentes etapas de la vida (ciclo menstrual, embarazo, menopausia) y las actividades diarias. Cuando las condiciones cambian, también se altera el equilibrio natural de las bacterias, lo que puede causar molestias, irritaciones e incluso infecciones.

El papel de la higiene en el bienestar íntimo

El aseo es la clave para sentirte segura y lucir tu belleza. Toda mujer tiene que saber cuáles son las mejores maneras de cuidar su cuerpo; sin embargo, apenas se tocan los temas de la higiene femenina. A continuación te damos algunos consejos para que te sientas fresca y segura incluso en los momentos más íntimos.

Cuestión de ingredientes

Tu zona íntima es delicada, por lo que es importante seleccionar limpiadores con ingredientes que satisfagan las necesidades concretas del cuerpo femenino. Los jabones con perfumes intensos o los desodorantes vaginales pueden provocar irritación.

Asegúrate de usar un producto formulado específicamente para la higiene íntima. Los jabones, geles de ducha y champús normales son perjudiciales. El pH de la zona íntima es más ácido que el del resto de la piel y varía con los cambios hormonales durante el ciclo mensual. Esto se tiene en cuenta a la hora de desarrollar productos de higiene íntima de alta calidad.

Utiliza las manos

Ten cuidado cuando te laves con un paño o una esponja vegetal. Por su textura esponjosa, los paños y las esponjas vegetales pueden retener bacterias e incluso criar moho, de modo que mantenlos limpios y cámbialos con frecuencia. La manera más segura de mantener limpias las áreas extremadamente sensibles como tu zona íntima consiste simplemente en enjabonarlas cuidadosamente con las manos.

Con moderación

¡Realmente, es posible excederse en la limpieza! Aunque no te des cuenta, tu cuerpo se esfuerza por mantener un equilibrio constante, respondiendo incluso a los cambios más pequeños en tu rutina. Por ello, la moderación es necesaria para una higiene adecuada. La exposición excesiva a productos de jabón, incluidos los baños de espuma, puede causar infecciones, sequedad y molestias. Los expertos también desaconsejan el uso de duchas vaginales u otras formas de limpieza interna. Si todo funciona adecuadamente, podrás mantenerte limpia por fuera y dejar que tu organismo se limpie por dentro.

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